miércoles, 27 de febrero de 2013

Es mi responsabilidad

Me hago responsable de que necesito la aprobación de los demás y esto influye en mi estado de ánimo. Cuanta más aprobación, mejor me siento. No está en mi, está en cualquier otro.

Me hago responsable de que soy una criticona, tanto conmigo misma como con los demás. Estoy muy pendiente de lo que me dicen, lo que digo y la interpretación de ello.

Me hago responsable de dejarme, pensando que las cosas se arreglaran solas, no arriesgarme a dar un paso para que algo cambie. Estoy cansada y a la vez aburrida de ser consciente y no avanzar.

Me hago responsable de que no todo el mundo ha de estar de acuerdo conmigo, que me cuesta decir lo que pienso por miedo, por mostrarme, porque me siento inferior y eso se nota.


Me hago responsable en depender de lo ajeno, dejando lo propio, lo mío a un lado y no darle un valor como se merece. Me cuesta aprobar y valorar mi día a día, prefiero que sean los demás.

Me hago responsable de mis despistes que no son más que bloqueos para no hacer aquello que no me gusta, o que no deseo hacer por el otro y doy un mensaje contradictorio porque dependo de ello. Altamente neurótico.

Me hago responsable de que me cargo con más estrés de lo normal, que no dejo fluir, que no elimino lo negativo sino que le doy vueltas y machaco hasta que me harto y luego culpo, eso no es responsabilidad.

Me hago responsable de tener muchos recursos, muchas herramientas personales y dejar que mis barreras emocionales no me dejen ser, no permito ser, me escondo y no las muestro. Están ahi, las tengo y una vez las valore, saldrán sin esfuerzo.

Me hago responsable de mi criterio personal, de mi propio juicio, de mi propia ideología y creencia personal. Necesito aprender a tener mi valor, quiero llegar a ser auténtica.

Por eso quiero decir a mis compañeras que me hago responsable de mi propia manera de pensar y está bien. Te digo Skar todas las cosas que no me gustan y está bien. Os digo coordinadores que yo también me sé mostrar y valgo, sólo me hace falta dar un paso (tremendo paso). Os digo compañeros de Gestalt que también tengo mi parte rechazada y está bien. Me digo a mi misma que soy valiente, que hago muy bien en luchar y no decaer. ¡Adelante!

martes, 19 de febrero de 2013

No cambié



No, no voy a hablar de Tamara y su tema de "no cambié", aunque me trae recuerdos de cuando estaba en una pizzería y el trabajo no era una mis principales prioridades en la vida. Ahora, esa responsabilidad inunda mi día a día, a veces, de forma desesperada.

Hoy, yendo para el susodicho y necesitado trabajo, me he encontrado parada en mi moto y detrás de un bus urbano, leyendo una frase que me ha dado que pensar "Te quiero como eres pero ya te cambiaré".

Me ha resonado, me ha dejado muy alerta ya que es el tema recurrente de hace semanas, tal vez meses. Los cambios y yo, las otras personas y yo, mis contactos y yo.

La frase en cuestión para mi ilustra la pura verdad de mi relación, es triste aunque es cierto, asi lo pienso a día de hoy.

Se dice que las relaciones más sanas de pareja son aquellas en que cada uno se acepta como es y acepta al otro incondicionalmente. Yo me pregunto cuanto tardaré en aceptarme y aceptarlo, es más, cuando llegará ese momentazo con fuegos artificiales, cuando el  también se acepte y me acepte y lleguemos a la iluminación sentimental. Me da a mi que podemos tardar toda una vida en conseguirlo.

Yo no quiero que me cambie, quiero ser como soy yo,  aunque me cuesta ya de por si mostrarme genuína con mi manera de ser por aquello de necesitar la aprobación de todos. Y asi me muevo, enfadada cuando no me quiere y contenta cuando yo no le quiero, como algo que me carga, me asusta y a la vez disfruto.

Soy sincera y si que quiero cambiarlo, no debería ser, aunque es cierto, es la pura verdad. Porque me cuesta estar en un equilibrio en ser yo misma y quererlo por tal y como es.

Aceptarlo sería como confirmar que me gusta vivir en la distancia, en proceso de espera, que me gusta tener la responsabilidad lejos, que necesito llorar y dramatizar por mis circunstancias, que me encanta quejarme por lo sufridora que soy y que necesito hacerme daño para sentirme viva.

Son duras afirmaciones y es asi, será más fácil responsabilizarme, con tiempo e ir cambiando, ser sincera y ponerme manos a la obra. No sirve de nada engañarme ni sirve engañar a los demás.

Escuchar, aflojarme, dejarme sentir, fluir...ser auténtica.

domingo, 17 de febrero de 2013

Tomo



Para ir dejando esta etapa bastante depresiva acerca de mi y de Skar, decido dar una vuelta a la hoja y a seguir donde le dejé antes de toda esta historia.

Para ello creo y siento que he de mencionar a otra persona que me ayuda y que está ahí de manera auténtica y siendo ella misma: Tomo.

Me gusta como es Tomo, por la manera de ver el mundo tan diferente a mi perspectiva. Sabe lo que quiere e intenta conseguir lo que se propone. No la he visto llena de dudas, simplemente actúa aunque se tome su tiempo y eso creo que forma parte de lo que me gusta de ella, la capacidad de darse tiempo y darse paciencia para hacer cualquier cosa.

Un día me dijo que eso de las emociones no lo llevaba bien y que a veces lloraba sin más al ver un programa sobre animales, y lo decía sonriendo y quitando dramatismo al asunto. No la ví dar mil vueltas a lo que le pasaba ni meterse en la cama sufriendo por ello. Pasó página y a otra cosa mariposa, hay prioridades que atender.

También agradezco ese freno emocional que me pone mientras hablamos, es la primera que en cuanto me oye hablar mal de mi se enfada y me corrige. Ha habido veces que sin darme cuenta le he estado enviando mensajes muy masoquistas sobre mí y en cambio me ha respondido con "no te machaques tanto, ya pasará".

Es distinta a mi y aprendo de ella en los aspectos que a mi me faltan por pulir: pragmatismo, prioridad de necesidades, independencia emocional, no apegarse al otro y tomarse la vida con más sonrisas y menos lágrimas.

Tomo, me gustas mucho y sé que me harías una broma en plan guarrillo o te sonrojarías, y es asi, quédate a mi lado porque te necesito.¡Muack!

martes, 12 de febrero de 2013

No se puede hacer nada más

Rebecca comentaba hace unos días que las relaciones insanas pueden doler mucho a quien está metido en ellas y sobretodo, remarcar el masoquismo emocional que a veces ando metida.

Estas semanas las catalogo como ambivalente, yendo de un extremo amoroso a otro que ralla el odio, pasando por una incerteza total y un no sentir apra que todo esto no me duela tanto. No hace falta remarcar que hay millones de ideas irracionales, confusas, dañinas y extrañas que me vienen a la mente en cualquier momento, y si me lo dejo sentir, enseguida me viene el ahogo, el no respirar, el tener algo aqui dentro de mi que quiere irse y no lo permito. Y lo sigo teniendo.

Como decía Lucía Etxebarría, ya no hace falta sufrir por amor, aunque para ello necesites un master en gestión emocional en pareja y una especialización en independencia emocional. Yo todavía estoy sacándome asignaturas que me van quedando para Junio, para Setiembre y que no hay manera de aprobar.

Ahora mismo, estoy en tierra de nadie. No sé que quiero, no sé que necesito, es como estar dando vueltas a mi neurosis. Me encuentro triste y rabiosa a la vez. No encuentro justo que mi pareja, que sigo siendo si no estoy equivocada, esté indiferente, en plan vengativo, que no me exprese nada más que ideas rencorosas y de despecho porque le dije que no aguantaba más la situación de no sentirme querida y no verme en un compromiso mutuo, que habían cosas por hacer, cosas que no em gustaban y que era preciso cambiar pra poder tener una relación más madura. No lo entiende o lo ha entendido como un ataque personal a su ego.

Y ahora me siento que tenía que haber sido firme en mi primera propuesta de finalizar todo esto y no haber caído en la idea hiperromantico de "todo puede cambiar, es cuestión de paciencia y mucho amor". No es asi, es una trampa evitativa del dolor de la separación del otro. Ni el va cambiar ni yo voy a hacer cambiar nada, porque las bases se hicieron hacen años.

El hecho de verme con más valor, más valiente cambió mi manera de verme totalmente dominada y a expensas del otro. Yo quería más, quería una relación normal. Porque he leído, parece algo totalmente surrealista, como funcionan las parejas funcionales y no tienen nada que ver conmigo. Y yo formo parte de ello, yo también siento que soy responsable porque no haya funcionado.

Sólo me queda respirar, priorizar mis necesidades, hacerme fuerte de nuevo e ir avanzando. Si em soy sincera, aqui en este momento, quiero dejar de sufrir, quiero dejar de autolesionarme emocionalmente y poner los pies en el suelo. Si esta relación no fluye, se interrumpe y solo yo quiero que funcione, me voy a malgastar, a lesionar, a sacrificar y no quiero, ya no, ya basta.

Ya basta de indiferencia afectiva, ya basta de dejarme llevar por el victimismo, la tristeza, el no hacerm el dejar pasar y que el otro lleve las riendas. Necesito, no es un deseo, plantarme, despedirme y quedarme conmigo misma mucho tiempo. Ya no necesito que esté ahi porque me hace mucho daño, tanto, que me es imposible respirar.

domingo, 3 de febrero de 2013

Un te quiero y un adiós



Esta carta sería para ti y sé que no la vas a leer, por eso, la escribo aquí.

Recuerdo que nos conocemos desde hace muchos años y siempre ha habido algo que nos ha unido: la autonomía de cada uno en su vida. Ya desde esas épocas no había nada que nos llamara la atención y al menos a mí, me costaba encontrarte interesante.
Pasaron los años y la vida nos hizo conocernos y entonces sí que me vi atraída por ti  me encantan tus ojos y esa sonrisa de niño travieso y tu físico de gimnasio, me gustaba que fueras tímido, me empezaste a gustar de verdad.
Y un día, sin más, nos encontramos solos en mi cama dándonos besos y cariños, primero sin tener idea de donde íbamos con esto y a la vez contenta de que estuvieras ahí  enroscado en mi cuerpo y hablándome de ti sin tapujos. Fue el inicio, lo más bonito, la etapa de enamorarse y vaya si caí, y contenta de ello.

Los meses caían del calendario  pronto íbamos cumpliendo meses, a tu manera, ya que mi costumbre era celebrar que estábamos juntos de una manera especial, ahí me dí cuenta de que somos diferentes y no lo tuve en cuenta.

Te fuiste y quise seguirte, por mi cabezoneria que iba a estar ahí  Tu decías que tenias que pensar y que era complicado, yo pensé que ese pensamiento tuyo era por el miedo al compromiso que en realidad es que te morías por estar conmigo como me pasaba a mi. Me dí cuenta por otros contactos que mi fantasía o deseo se iba fulminando a base de pequeños disgustos: comentarios acerca de otras chicas, privados con otras, ver sentirte más cómodo con algunas otras y al comparar (error mío) me sentía rabiosa y te llamaba en mi estado más celoso, cosa que no ayudaba en nada y cada vez me sentía menos yo y más tu, pasando de mi y aferrándote a ti, me difuminé pensando que al final acabarías viendo como soy.

Me ponía de los nervios cada vez que me nombrabas a alguien, me ocultabas muchas cosas, por no enfadarme decías y sentía mucha desconfianza. No sabía que pasaba, si estaba teniendo un ataque de celos o es que realmente no querías que yo supiera de ti  Se mezcló tu incapacidad de entenderme con mi inseguridad y eso desembocó en una etapa triste, justo cuando te marchaste a hacer tu curso.

Me armé de valor, de orgullo y de esperanza y vivía más en el futuro que en el propio presente. Me dí de lleno a ti  solo estabas tu, no había nadie más a mi alrededor. Si me llamabas para quedar, dejaba a mis amigos, iba a casa y corriendo al aeropuerto. Si tenía la ilusión porque te habían asegurado que podrías verme, me llamabas diciendo que no era así y me sumía en una tristeza fuera de lo normal y así pasaban las semanas y los meses.

Me dijiste que no te entendía y que no querías hablar conmigo porque yo no te podía ayudar, por eso nuestras llamadas sólo eran cortas y amables, nada sustanciales, como una obligación que se ha de hacer y no por la alegría de escuchar al otro.

Volviste, todo infeliz, triste y agrío. No viniste a mi 30 cumpleaños, no viniste a verme hacer cosplay, tus excusas eran que estabas mal y tenias otras cosas en mente. No diste tu mano a torcer y yo lo permití.
Permití que te fueras a ver a tu familia siempre sin decirte que podías pasar unos días conmigo ya que hacía tiempo que no nos veíamos. Fuiste tajante y dijiste que no era el momento, sólo pensabas en ti, sólo en ti.

Una vez me quisiste dejar y vi que lo tenías claro, me comentaste "sé que no puedo hacerte feliz" y yo te contesté "déjame a mi lo que crea que me hace feliz y lo que no" y ante eso, me dijiste que lo sentías mucho y que me querías, que seguías conmigo. No entendí bien que era lo que pretendías, tampoco llegaste a contármelo.

Tras esto y unos meses de aqui para allá, empecé a tener problemas de riñón  de migrañas, de espalda... tuve ansiedad y me recetaron antidepresivos porque estaba triste y las emociones me bloqueaban. Estoy pasando por una formación de trabajo personal muy cañera y parto de eso, que todo me afecta y para eso estoy estudiando.

Cada vez me costaba más el irte a ver, ya sea por el autobús o por como estábamos los dos juntos. Empecé a notar que no había ya esa magia del principio y que tampoco teníamos claro que haríamos en un futuro. Miento, tu si que lo tenías claro, seguir en tu puesto hasta que hicieras de nuevo el curso y luego quedarte en Madrid. Me llevarías contigo, eso sí, pero no se te ocurrió pensar que quería yo. Ahí también me meto yo como responsable porque estaba más contenta en que me llevases donde fuera que en mis propias necesidades. Te dije que sí, adelante, nuestro futuro sería ese. Esperar hasta un nuevo trabajo para ti.

Y durante estas navidades y haciendo introspección de porqué me pasaban tantas cosas a nivel físico me di cuenta que estaba descuidandome a todos los niveles. Quería ir en autobús aunque estuviera cansada de la semana y me doliera la espalda y riñones. Quería pasar tiempo contigo aunque fuera malo para mi salud. Me sacrificaba para verte aunque no fuera lo más saludable y todo eso me pasó factura.

La factura fue que tuve que pensar, reflexionar y tomar tiempo para saber qué me estaba ocurriendo. Te estaba amando demasiado, te estaba dando mi vida, mi amor y mi salud sin pensar en mi. Me estaba enfermando por el miedo a no tenerte y que me dejaras, me estaba destrozando por infravalorarme en comparación con tus ex novias y amigas.

Entonces, llegado el momento en que me explicas en que te vas de vacaciones y no piensas en mi en ellas, diciéndote claro que me duele, decides irte porque te apetece hacer tu plan. Me volvió a doler y en vez de sacrificarme y darte mi amor incondicional de nuevo, pensé en mi.

Pensar en mi fue maravilloso, pude darme cuenta en que erraba y era, precisamente, en no decirte la verdad, en no poderme a mi primero, en que yo soy la más importante y que mi opinión vale igual que la tuya.
Tu no me incluiste en tus vacaciones por lo tanto, yo pensaría cual sería necesidad más importante cada día.

Y este mes lo tenía ocupado en hacer cosas que para mi eran prioritarias como quedar con mis amigas, quedar con mis primos, quedar con Silvia, celebrar el Carnaval y hacer taller de Gestalt. Me dí cuenta que dentro de esas prioridades no estabas tu y me sentí triste, no tenía la confianza como para presentarte a mis primos ni para que compartieras Gestalt y menos obligarte a que vinieras de Carnaval.

He pecado en ser totalmente incondicional y dejarme llevar por ti, eso es cosa mía, lo elegí yo y no te hago responsable de ello. Pero ahora, que me veo con más fuerza y menos ganas de sacrificarme por amor, tengo la suficiente valentía de decirte que no quiero ese futuro que "habíamos" formado juntos.

No quiero dar mi vida laboral y mis amistades a ti, que no eres capaz de incluirme en tus vacaciones ni tampoco tienes la valentía de explicarme tus emociones. Sigues siendo inaccesible y solamente ves tus propias metas, no ves una vida en conjunto vista desde otros puntos.

No quiero seguir siendo la que ama demasiado, la que dice que sí, la que da soluciones para que lo nuestro funcione sin ver cambios. No quiero cambiarte pero si, poder hacer una relación juntos diferente que no es lo mismo y a día de hoy, no quiero sacrificarme por ella.

No quiero seguir contigo, no quiero rallarme pensando porque no eres cariñoso, porque no muestras a los demás lo mucho que me quieres, porque eres tan reservado en lo personal sabiendo que yo era la persona que más querías.

No quiero seguir estando con alguien que no me dice las cosas por miedo a que me enfade, que no es valiente en afrontar que si es como el quiere ser lo diga y lo demuestre, no que tire la piedra y guarde  la mano. Que intenta darme lecciones, que te comportes como un padre, que necesito cambiar, madurar y ser domada como muchas veces me has comentado. Porque no me has aceptado como soy e intentas cambiar lo que soy.

Y ante esto, una carta de despedida que me ha generado mucha pena, melancolía  recuerdos bonitos y otros con mucha rabia. He hecho lo que he podido y te he amado más de lo que pensaba. Me quedo con ello, en que estos dos años he aprendido de ti, de mi y de nuestra relación, no ha sido tiempo perdido.

Ahora y durante tiempo emprendo un camino en solitario, pensando por y para mi, sacrificándome por mi, intentando ser tal como soy, sin frenos, viviendo, expresando y cuidándome lo más posible.

Eso es lo que quiero y a ti, que cumplas tus sueños, te lo mereces.

viernes, 1 de febrero de 2013

Mi mujer




Ser mujer no es fácil, eso es lo que he podido comprobar y darme cuenta durante este proceso de crecimiento personal y gestáltico.

Digamos que para mí, es el equilibrio perfecto entre mi parte infantil y la opuesta, la maternal. Hay veces en que mi relación con una persona se vuelve totalmente infantil, siendo yo misma pueril, vergonzosa, tímida, dependiente, excesivamente complaciente y necesitada de aprobación. Ahi aparecen los miedos, el temor y el querer ser inferior por ello. Rabia me da leerme y darme cuenta de todo esto.

Y cuando aparece la maternal, la relación es de sobreprotección al otro, de sumisión, de amor incondicional, de dejarme hacer, de ser demasiado responsable, de cargarme. Aparece la parte más madre y dependiente, del no poder pensar en mi y volcarme en la otra persona, anulándome por completo.

Cabe decir que ambas partes, en su extremo, son dolorosas y disfuncionales para mi y ahí estan. De mi depende retomarlas de una manera apropiada y sana para que no me desborden.

Mujer, ser mujer, ser feliz siéndolo y mostrarme con orgullo que así quiero ser. Expresar con una sonrisa y mirada segura de que estoy en paz conmigo misma y que me quiero tal como soy.
Ver que el otro me ve y que no quiero evitarlo, que no hay barreras, que me muestro, que me expreso y soy femenina, a mi manera, reforzándome que siendo mujer tengo más seguridad, más empatía, más poder sobre mí y que sobretodo, tengo mucho más auto-apoyo.

Ser mujer también es para mi esa creatividad fascinante de escribir, dibujar, pintar, hacer cosas nuevas y disfrutarlas. Sentirse femenina sín la aprobación del otro pero que sí está, sea bienvenida también.

Ser mujer es decidir lo que quiero y responsabilizarme, ser consecuente y hacerme cargo de lo que me pasa, sin llevarme las inseguridades o manipulaciones del otro. Ser valiente y expresar que "por aqui vas mal conmigo" y sentirme liberada. No ser yo misma una manipuladora más sino ser capaz de mostrar lo que me gusta y enfadarme, si hace falta, dejando claro que mi enfado, mi rabia también cuentan, no sólo las emociones que gustan.

Sigo en camino de seguir siéndolo, disfrutar y mantener esa paz que exige ser una mujer, darse cuenta y percatarse del poder que conlleva y usarlo para un beneficio propio.

Por y para mi, mi mujer.